No soy nadie. Mi manifiesto.

mi manifiesto
Tú, chico joven y guapo, trendy, con tu ropa de Pull & Bear y tu barba morena y cuidada. Tú, impulsor de la caridad, relaciones públicas y sonrisa del año. Tú, que con tu optimismo desafías barreras, que con tu voz derrocas muros de pasividad y de indiferencia. Tú, valiente, hombre de mundo, chico de calle, que con tu chalequito beis y tu libreta negra generas caos, miedo, e incluso rabia. Tú, que consigues que la gente se cambie de acera, que murmuren excusas vagas que habrás oído mil veces, a las que respondes con un gesto de agradecimiento y una sonrisa. Tú, promotor de Médicos sin Fronteras, Cruz Roja o cualquier otra ONG. Tú, que habitas por el centro, buscando presas con la cartera llena y la moral vacía, te voy a hablar un poco de mí.
No te dejes engañar, las apariencias engañan. Sé que parezco alguien más o menos importante porque camino con prisas y llevo un bolso de marca y unas botas de tacón, pero la pura verdad es que las botas las he heredado de mi madre y el bolso es de mi hermana. Yo no soy nadie. Soy una becaria de periodismo, de un pueblecito perdido de Huesca, que ahora mismo está pagando por trabajar. Vivo en un piso de estudiantes que comparto con dos estudiantes de medicina y una colonia de hormigas. En mi cartera las monedas son de cobre y los únicos papeles son tiquets de compra del Dia. Puede que lleve unos leggins bonitos, pero la ropa interior que hay debajo es del Primark (de un pack de tres que me costó un euro y que compré porque me dejé toda la ropa interior en casa). Vengo de una rueda de prensa/ almuerzo a la que he ido en ayunas porque no tenía dinero para comprar zumo, y en la que me he puesto las botas. No soy nadie. No tengo dinero ni forma de conseguirlo de una forma digna. Voy todo el día de culo por el centro de la ciudad intentando que no se note que en realidad no tengo ni idea de lo que hago, ni de a dónde voy, ni de qué quiero ser ni conseguir, aterrada ante un futuro incierto y una tasa de paro juvenil que hace que tenga ganas de llorar. No soy nadie. Así que por favor, créeme cuando te digo que no puedo colaborar con Médicos sin Fronteras, ni con Cruz Roja, ni con cualquier ONG que se te ocurra. Ahora, ¿me dejas continuar con mi mierda de vida?

 

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