Amiga, tenemos que hablar

Lo que a la gente le gusta llamar amor

Romper una relación con una amiga puede ser igual o más traumático que hacerlo con una pareja. Las sensaciones no tienen por qué ser exactamente las mismas pero a menudo suelen responder a un sentimiento de dependencia, del no poder vivir sin la otra persona. Si tienes una amiga sólo porque vais a la misma clase, porque tenéis demasiados amigos en común, porque trabajáis juntas, porque te ha introducido en un grupo de amigos geniales o porque compartís piso, lo siento, pero tienes una amiga por conveniencia.

Es sorprendente lo parecidas que pueden llegar a ser las relaciones amistosas y las amorosas: las hay a distancia, tortuosas, intermitentes, cortas, para toda la vida… pero todas ellas tienen algo en común y es que para que funcionen, deben cuidarse.

Nuestras antecesoras feministas nos enseñaron que no debemos consentir que un hombre nos trate mal, ni que nos mangonee, ni que nos humille o que nos deje tiradas en la estacada cuando más los necesitamos. Hemos aprendido que una relación debe ser igualitaria, que se acabó eso de que uno debe querer más al otro y que la pareja debe buscar mutuamente su bienestar. Esta es -o debería ser- la auténtica biblia de las relaciones humanas.

Ahora pongámonos en situación. Tienes una amiga con un novio que la humilla en público y delante de todos sus amigos, que la deja tirada para quedar con otras personas o que en mitad de una fiesta desaparece para no volver, dejándola sola en una discoteca o en un bar. ¿Qué le dirías? Pues probablemente le dirías que le mandara a tomar por culo, que no hay atenuante que valga y que merece estar con alguien que la aprecie y la trate con respeto y cariño. Pero, ¿qué pasaría si en lugar de estar hablando sobre su novio, lo hiciera sobre su mejor amiga?

Hace más de dos meses rompí con una de mis mejores amigas. Dos años siendo íntimas y otros dos años luchando con uñas y dientes para seguir siéndolo. La regla de oro era sencilla: perdonar deprisa y olvidar aún más deprisa.En un solo paquete tenía a una persona que podía hacerme sentir el ser humano más ridículo y solo del mundo y al mismo tiempo hacerme sentir completa. Sé que algunas de vosotras os sentiréis identificadas por haber tenido un novio que, por desgracia, os ha hecho sentir así.

Lo cierto es que en este mundo hay gente mala, mala de verdad. Personas con auténticas batallas internas que necesitan hacer sentir miserable a los demás para sobrevivir, y cuyo objeto de tortura suelen ser precisamente las personas que más les quieren, porque saben que pase lo que pase nunca les abandonarán.

Dicen que de hasta lo malo se puede sacar algo bueno. De mi última ruptura aprendí que no hay nada peor que obligarte a ti misma a apreciar a alguien que te desprecia.

Y a valorar a mis amigas de verdad. Las que se tirarían en coche por un acantilado por mí.

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