Inconsecuentes

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Me he dado cuenta de que la gente es terriblemente inconsecuente en cuanto a relaciones humanas se refiere, y me incluyo. Me refiero a que estando con alguien puedes olvidar que no quieres nada serio con él o que en realidad estas enamorado de otra persona. Sólo estáis vosotros dos y el resto del planeta deja de existir, no hay bien ni mal, nadie que te juzgue o te reproche. Simplemente te sientes bien y haces o dices cosas que no deberías haber dicho ni hecho.
Yo puedo dormir abrazada a un chico, puedo acariciarle y puedo decirle que me encanta estar con él, porque es lo que siento en ese momento, y luego salir por la puerta y volverme de corcho. ¿Qué es real? ¿Ese chico diciéndote que no va a marcharse de tu lado o ese chico diciéndote que está demasiado ocupado para hablar contigo? ¿Ese chico insinuándote que siente algo por ti o ese chico diciéndole ‘te quiero’ a su novia de verdad?

La pura verdad es que todos somos subversivos, trastocables e inconsecuentes. Y eso hace las cosas difíciles, porque no puedes estar segura de nada si ni siquiera puedes estar segura de lo que sientes tú. Las cosas se vuelven raras. E intentas buscar distracciones que mantengan tu mente y tu corazón ocupados para no pensar demasiado sobre el hecho de que no sabes lo que quieres y que estás sola. Y eso sólo hace que las cosas se compliquen aún más. Porque de repente surgen muchas más Tú paralelas que sienten cosas que no deberían sentir y dicen cosas que no deberían decir y mucho menos pensar.

Mientras tanto, el tiempo pasa, y yo sigo siendo de corcho.

“Cuando alguna vez había oído: esta persona es de corcho, no sabía qué querían decir. Para mí, el corcho era un tapón. Si no entraba en la botella, después de haberla destapado, lo estrechaba con un cuchillo como si hiciera punta a un lápiz. Y el corcho crujía. Y costaba de cortar porque no era ni duro ni blando. Y al final entendí qué querían decir cuando decían que esta persona es de corcho… porque, de corcho, lo era yo. No porque fuera de corcho si no porque me tuve que hacer de corcho. Y el corazón de nieve. Me tuve que hacer de corcho para seguir adelante, porque si en lugar de ser de corcho con el corazón de nieve, hubiera sido, como antes, de carne que cuando te pellizcas te hace daño, no habría podido pasar por un puente tan alto y tan estrecho y tan largo”.

Fragmento de La Plaça del Diamant, de Mercè Rodoreda.

2 comentarios en “Inconsecuentes

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