Lo peor de 2016

Soy feminista

Vamos al grano. 2016 ha sido un año de mierda.

Atentados terroristas. 50 víctimas de violencia de género. Donald Trump, Mariano Rajoy. David Bowie, Carrie Fisher, Leonard Cohen. Escuadrón Suicida. El strobing.

No obstante, y dándome el capricho de ser un poco superficial, voy a destacar 5 cosas especialmente lamentables, y los motivos por los cuales deberíamos erradicarlas en este nuevo año que empieza. Empezamos.

1. El vestido de la Pedroche (otra vez)

O más bien todo el espectáculo rancio, machista y vejatorio que se ha generado en torno a él. Porque no hace otra cosa que dejar en evidencia que las mujeres en televisión no somos más que cachos de carne al servicio de la audiencia. No estamos hablando de si Cristina hace bien o mal eligiendo su vestuario (siempre y cuando lo haga libremente y porque le da la gana), estamos hablando de todo un engranaje que se mueve en contra de que a las mujeres se nos tome en serio, como profesionales y como seres humanos. Porque dudo que a alguno de los otros presentadores (Pepe Rodríguez, Chicote, Carlos Sobera o Frank Blanco) se les haya valorado por otra cosa que no sea su buen hacer y profesionalidad.

Si queréis leer una opinión brutalmente acertada sobre este tema, podéis hacerlo en este artículo de Yolanda Domínguez para el Huffington Post.

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2. Los filtros de Snapchat

Voy a ser flexible. No me importa que los filtros de Snapchat no se queden en 2016, pero que al menos se queden en Snapchat. Sólo nos falta por ver a la presentadora de los informativos con una corona de flores digitales cutres en la cabeza. Basta, enough, suficiente.

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3. Los antes y los despueses

Típica cuenta en instagram que patrocina una dieta, unos batidos detox o unas pastillas milagrosas que sólo postean fotos de chicas según ellos gordas junto a la imagen de -aparentemente- la misma chica normativamente delgada. No sólo me parecen publicaciones publicitarias cutres, efectistas y a menudo falseadas, sino que además nos vienen a decir que si no estás muy delgada, más te vale estar muerta. Sobra mencionar que el 95% de las fotos son de mujeres.

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4. Las Kids editions

Detesto los programas de talentos y especialmente los que van dirigidos a los niños. La Voz, Masterchef, Pequeños Gigantes… circos lamentables donde los padres exponen a sus hijos al ridículo a cambio de cinco minutos de fama, en los que son utilizados como carnaza televisiva para luego ser devueltos a su vida de mierda, una vez apagadas las cámaras. ¿Qué será lo siguiente? ¿Un Gran Hermano para niños?

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5. El pelo gris

Creo que el pelo gris es como el cardado de los ochenta, las medias cabezas rapadas o los flequillos noventeros… looks que se ponen de moda, al que todas se lanzan sin reflexionar y que no le quedan bien a casi nadie. Por favor, dejad de freíros el pelo a base de decoloraciones para ser como esa tía que seguís en instagram.

Es una lástima que la personalidad no se pueda comprar.

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Empieza 2017, vamos a intentar hacerlo mejor.

Auriculares y acoso callejero

Soy feminista

Desde que tengo memoria y un mp3 siempre llevo auriculares cuando camino sola por la calle, escuchando música. Porque me gusta escuchar música por la calle.

Hace unos meses, por primera vez en años, salí de casa sin los cascos puestos. Por primera vez escuché sin ningún tipo de filtro los sonidos de la calle, de la gente, del tráfico. Lo que pasó, a día de hoy, todavía me eriza la piel.

Sentí miedo.

Miedo de cuando te sientes expuesto, de cuando te sientes vulnerable. Al quitarme mis auriculares me sentí desprotegida. Pero, ¿de qué se supone que me tengo que proteger en un barrio céntrico de Barcelona a plena luz del día?

Es fácil reconocer cuándo ocurre, aún con la música atronadora de Rival Sons o de Archie Bronson Outfit resonando en tu cabeza. Te vas a cruzar con un tipo y notas cómo su paso se ralentiza, cómo ladea la cabeza y cómo te mira. Tienes la sensación de que si te concentraras podrías escuchar su corazón latiendo más deprisa. Pasa por tu lado y te dice algo, pero no lo oyes. Da igual. Lo sientes, sabes lo que acaba de pasar: un completo desconocido acaba de acosarte.

Acaba de acosarte y tú tienes que fingir que no ha ocurrido, que no lo has escuchado, que no te ha molestado. Es en ese momento cuando tus auriculares se convierten en una parte imprescindible de tu armadura, la que no te libra del acoso callejero pero al menos te hace más fácil ignorarlo. De esbozar una mirada de asco para tus adentros y seguir caminando con la frente bien alta.

De no agachar la cabeza, de no sentir vergüenza, de no hacerte pequeña.

¿Y sabéis lo más jodido? Que yo llevaba siempre auriculares sólo porque me gustaba escuchar música por la calle.