Auriculares y acoso callejero

Soy feminista

Desde que tengo memoria y un mp3 siempre llevo auriculares cuando camino sola por la calle, escuchando música. Porque me gusta escuchar música por la calle.

Hace unos meses, por primera vez en años, salí de casa sin los cascos puestos. Por primera vez escuché sin ningún tipo de filtro los sonidos de la calle, de la gente, del tráfico. Lo que pasó, a día de hoy, todavía me eriza la piel.

Sentí miedo.

Miedo de cuando te sientes expuesto, de cuando te sientes vulnerable. Al quitarme mis auriculares me sentí desprotegida. Pero, ¿de qué se supone que me tengo que proteger en un barrio céntrico de Barcelona a plena luz del día?

Es fácil reconocer cuándo ocurre, aún con la música atronadora de Rival Sons o de Archie Bronson Outfit resonando en tu cabeza. Te vas a cruzar con un tipo y notas cómo su paso se ralentiza, cómo ladea la cabeza y cómo te mira. Tienes la sensación de que si te concentraras podrías escuchar su corazón latiendo más deprisa. Pasa por tu lado y te dice algo, pero no lo oyes. Da igual. Lo sientes, sabes lo que acaba de pasar: un completo desconocido acaba de acosarte.

Acaba de acosarte y tú tienes que fingir que no ha ocurrido, que no lo has escuchado, que no te ha molestado. Es en ese momento cuando tus auriculares se convierten en una parte imprescindible de tu armadura, la que no te libra del acoso callejero pero al menos te hace más fácil ignorarlo. De esbozar una mirada de asco para tus adentros y seguir caminando con la frente bien alta.

De no agachar la cabeza, de no sentir vergüenza, de no hacerte pequeña.

¿Y sabéis lo más jodido? Que yo llevaba siempre auriculares sólo porque me gustaba escuchar música por la calle.

Si vas a piropearme, hazlo bien

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Me gustan los piropos. Me encantan. Me  alegran el día. Eso sí, un piropo bien hecho.
Que un señor me gruña por la calle no es un piropo.
Que un desconocido me grite “Guapa” desde un coche en marcha no es un piropo.
Que un grupo de  hombres me miren fijamente y cuchicheen cuando paso para luego reírse no es un piropo.
Si se avergüenza al preguntarle qué es lo que ha dicho, porque no he podido oírle bien, probablemente no era un piropo.
Si un desconocido hace un comentario haciendo referencia a lo corta que es mi falda o a que voy a resfriarme yendo tan fresquita no es un piropo. Si el comentario es sobre lo que le gustaría tener relaciones sexuales conmigo no es un piropo.
Básicamente, si te hace sentir un objeto sexual, si te hace sentir incómoda, si te hace sentir mal contigo misma, no es un piropo.

Sólo para que quede claro. Un piropo se dice desde el respeto. Párate frente a mí. Mírame a los ojos. Y piropéame alto y claro. Que pueda oírte. Entonces, si me da la gana, te daré las gracias.