La Manada en 8 puntos

A veces pienso

Me podría extender tanto hablando de esto que probablemente os aburriría antes de concluir con lo que realmente quiero decir. De modo que lo voy a hacer por puntos.

  1. No es abuso, es violación.
  2. Algo en mi interior me dice que no van a volver a la cárcel, que los van a absolver.
  3. Que 5 hombres violen simultáneamente a una cría de 18 años, la graben sin su permiso, difundan los vídeos y le roben el móvil para que no pueda pedir ayuda sale barato en este país. Menos de 2 años de prisión y 6.000€ de fianza.
  4. Me pongo en la piel de ella y no sé si quiero morir o morir matando.
  5. Me jode reconocer que tengo sentimientos encontrados sobre que les partan la cara a estos tíos ahora que están en la calle, así como la innegable sobreexposición mediática que han tenido. Porque creo han tenido la “mala suerte” de convertirse en el símbolo de una lacra con millones de caras y nombres. Aunque una parte de mí está gritando muy fuerte: “que se jodan”.
  6. Quiero que se les juzgue por violación, que cumplan con su pena y que entren en un programa de reinserción que les proporcione eso que es evidente que en su puta vida les han dado: educación.
  7. Quiero una reforma del sistema penal desde la perspectiva de género, que proteja a todas las mujeres.
  8. Ayer celebré la noticia de que habían ascendido a dos años y 4 meses de prisión la condena a un teniente que obligó a un soldado (hombre) a masturbarse en su presencia a cambio de 120€. Hoy no puedo evitar pensar que si ese soldado hubiera sido mujer, ese titular jamás hubiera existido. La noticia aquí.

tumblr_lxd1hybuON1qbq8iko1_540.jpg

Foto: moderngirlblitz

 

R-e-s-p-e-c-t

A veces pienso

A lo mejor mucha gente no entiende esto. Y esa será la prueba irrefutable de que como sociedad algo no estamos haciendo bien.

Contacté con una empresa para un proyecto audiovisual, todo en el ámbito laboral. Yo era un cliente que pagaba un dinero por un servicio. Me pusé en contacto con el hombre que dirige esta empresa para acordar las condiciones. Hasta aquí todo parece normal, el trato es cordial.

Llega el día. Y yo la compañera con la que lidero el proyecto asistimos al rodaje con la única finalidad de supervisar. Ni siquiera esperábamos pasar el día entero allí.

Y de repente, sin darnos cuenta, nos convertimos en las asistentas. Yendo a comprar agua, trayendo cafés, bocadillos, rebuscando en el material que se necesitaba en la producción, cargando con maletas, bolsas e instrumentos de todo tipo. Lo hice todo de buena gana y con empeño, con mi mejor intención de ayudar.

Pero no pude evitar pensar: si mi compañera y yo no fuéramos dos mujeres de menos de 30 años, ¿estaríamos haciendo esto?

Días después del rodaje, el director me escribió un email que empezaba con un “hola, guapa”, que me cayó como una jarra de agua fría. Me molestó profundamente y lo percibí como una falta de respeto monumental hacia mí y mi profesionalidad. Y lo peor de todo es que no se lo dije, porque no tuve valor, porque me pesa más la necesidad impuesta de satisfacer y ser agradable, que la de revindicarme.

¿Creéis que si yo fuera un hombre, esto habría pasado? ¿Veis normal que en un ambiente profesional, una persona que apenas me conoce se dirija a mí de esa manera?

Qué locura, ¿eh? Una chica de 25 años pidiendo respeto.

4eb352df56fe627f7d676316bf217f70

Lo que estoy pensando mientras escribo este post

Alguno de vosotros pensaréis:

Exagerada.

Desagradecida.

Loca.

Flipada.

Feminazi.

¿Veis? Ahí está el puto problema.

Dale, Aretha.

Auriculares y acoso callejero

Soy feminista

Desde que tengo memoria y un mp3 siempre llevo auriculares cuando camino sola por la calle, escuchando música. Porque me gusta escuchar música por la calle.

Hace unos meses, por primera vez en años, salí de casa sin los cascos puestos. Por primera vez escuché sin ningún tipo de filtro los sonidos de la calle, de la gente, del tráfico. Lo que pasó, a día de hoy, todavía me eriza la piel.

Sentí miedo.

Miedo de cuando te sientes expuesto, de cuando te sientes vulnerable. Al quitarme mis auriculares me sentí desprotegida. Pero, ¿de qué se supone que me tengo que proteger en un barrio céntrico de Barcelona a plena luz del día?

Es fácil reconocer cuándo ocurre, aún con la música atronadora de Rival Sons o de Archie Bronson Outfit resonando en tu cabeza. Te vas a cruzar con un tipo y notas cómo su paso se ralentiza, cómo ladea la cabeza y cómo te mira. Tienes la sensación de que si te concentraras podrías escuchar su corazón latiendo más deprisa. Pasa por tu lado y te dice algo, pero no lo oyes. Da igual. Lo sientes, sabes lo que acaba de pasar: un completo desconocido acaba de acosarte.

Acaba de acosarte y tú tienes que fingir que no ha ocurrido, que no lo has escuchado, que no te ha molestado. Es en ese momento cuando tus auriculares se convierten en una parte imprescindible de tu armadura, la que no te libra del acoso callejero pero al menos te hace más fácil ignorarlo. De esbozar una mirada de asco para tus adentros y seguir caminando con la frente bien alta.

De no agachar la cabeza, de no sentir vergüenza, de no hacerte pequeña.

¿Y sabéis lo más jodido? Que yo llevaba siempre auriculares sólo porque me gustaba escuchar música por la calle.

Si vas a piropearme, hazlo bien

feminismo
Me gustan los piropos. Me encantan. Me  alegran el día. Eso sí, un piropo bien hecho.
Que un señor me gruña por la calle no es un piropo.
Que un desconocido me grite “Guapa” desde un coche en marcha no es un piropo.
Que un grupo de  hombres me miren fijamente y cuchicheen cuando paso para luego reírse no es un piropo.
Si se avergüenza al preguntarle qué es lo que ha dicho, porque no he podido oírle bien, probablemente no era un piropo.
Si un desconocido hace un comentario haciendo referencia a lo corta que es mi falda o a que voy a resfriarme yendo tan fresquita no es un piropo. Si el comentario es sobre lo que le gustaría tener relaciones sexuales conmigo no es un piropo.
Básicamente, si te hace sentir un objeto sexual, si te hace sentir incómoda, si te hace sentir mal contigo misma, no es un piropo.

Sólo para que quede claro. Un piropo se dice desde el respeto. Párate frente a mí. Mírame a los ojos. Y piropéame alto y claro. Que pueda oírte. Entonces, si me da la gana, te daré las gracias.