Talla 38

A veces pienso

Hace aproximadamente 10 años que llevo la talla 38. Y ni con 15 años ni ahora, que voy camino de los 26, he dejado de tener esa sensación de que hay algo en mí que sobra.

Lo he sentido al no verme reflejada en las chicas que aparecen en las series o películas que me gustan. Lo he visto al comparar mi cuerpo con el de los maniquíes de las tiendas, con el cuerpo de mis amigas más delgadas. Lo he visto al verme gorda en fotos, aunque sé perfectamente que no lo estoy. Lo he visto en esos espejos 360º de algunos probadores que ni esforzándome consigo entender por qué existen.

Tener la talla 38 significa estar a una o dos tallas de tener el cuerpo que todos esperan de mí. El cuerpo del éxito.

A veces han pasado cosas. Me he apuntado al gimnasio y he ido. He tenido rachas malas que me han quitado hasta el hambre. He pillado un virus estomacal. Cosas como estas han hecho que, ¡magia!, pierda peso. Y entonces me he mirado en el espejo y me he visto tan cerca, pero TAN CERCA, de tener el cuerpo que desde que era una niña me han dicho que debo tener.

Tener la talla 38 es como estar tirada en el sofá, estirarte para coger el mando de la tele y rozarlo con la yema de los dedos, sin conseguir cogerlo.

Tener la talla 38 es poder comprarte ropa en Zara, pero que muchas prendas no te queden bien. Es realizar complejas ecuaciones en las que te imaginas cómo le sentaría el look a esa modelo que ves en la web si tuviera tus tetas, tus muslos o tu cadera. Es comprar ropa que crees que te va a quedar bien, pero no.

Porque tener la talla 38 es estar buena, pero no. Es estar delgada, pero no. Es entrar en el cánon, pero no.

Porque siempre sientes que te sobra algo. Porque te convences de que si estuvieras solo un poquito más delgada, si te tomaras en serio el gimnasio, si hicieras algo de dieta…

Es como si el mundo te dijera: “¡Vamos, gandula! Estás a 4 kilos de ser aceptada por la sociedad, ¿y prefieres comerte esa hamburguesa? Vergüenza debería darte”.

Como decía Moderna de Pueblo en esta viñeta, “Si aparecen chicas de la talla 38 en las revistas te lo señalizan como Mujeres Reales, de tan raro que es verlo”.

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¿Y sabéis algo muy jodido? Que dejar de sentir que no tienes el cuerpo que deberías tener no tiene nada que ver con la talla. Porque el mundo siempre encontrará una manera de decirte que no eres lo perfecta que se espera que seas.

Así que, ¿para qué molestarse?

PD: Este es un artículo escrito por una chica de la talla 38 (¡No me digas!). Hablo desde mi más sincero y subjetivo punto de vista. No tengo la más mínima intención de faltar u ofender a nadie, tenga la talla que tenga. Por favor, tenlo en cuenta antes de ponerme a parir. Gracias por leer.

En portada: Megan Fay

Miss Esteve

El síndrome del viejo jersey

Lo que a la gente le gusta llamar amor

De la misma forma que sostengo que hay un capítulo de Sexo en Nueva York para cada crisis emocional, he llegado a la conclusión que hay una viñeta de Moderna de Pueblo para cada inquietud de una mujer joven y ligeramente neurótica.

Hace unos seis meses salí con un chico unas cuantas veces pero acabé pasando de él de una forma de la que no me siento orgullosa. Soy consciente de que conectamos bien, pero había algo en mí que no acababa de encontrarle el punto, no me sentía cómoda, no quería que funcionara. Fui mala. Una crisis que se suma a la pila de las razones por las que tuve que grabarme a golpe de aguja que en el fondo soy una buena persona.

 

A pesar de la ruptura sinuosa, que más que una ruptura fue una bomba de humo (¿Me ves? ¡Ya no me ves!), continuamos siguiéndonos por Instagram. Y desde hace unas pocas semanas, ha estado subiendo fotos de sí mismo, mucho más guapo de lo que recordaba, y de su nueva novia, una rubia espectacular.
Y he aquí el síndrome del viejo jersey:
Ahora en serio. Dudo horrores que algún día llegues a leer esto, pero tienes que saber que siento mucho el daño o malestar que te haya podido causar. A veces me acuerdo del tatuaje de tu brazo, y sonrío. Pero el corazón quiere lo que el corazón quiere. Y si quería estar sola, nadie iba a impedírmelo. En fin, que te deseo lo mejor. Por cierto, te he hecho unfollow en Instagram.