Si vas a piropearme, hazlo bien

feminismo
Me gustan los piropos. Me encantan. Me  alegran el día. Eso sí, un piropo bien hecho.
Que un señor me gruña por la calle no es un piropo.
Que un desconocido me grite “Guapa” desde un coche en marcha no es un piropo.
Que un grupo de  hombres me miren fijamente y cuchicheen cuando paso para luego reírse no es un piropo.
Si se avergüenza al preguntarle qué es lo que ha dicho, porque no he podido oírle bien, probablemente no era un piropo.
Si un desconocido hace un comentario haciendo referencia a lo corta que es mi falda o a que voy a resfriarme yendo tan fresquita no es un piropo. Si el comentario es sobre lo que le gustaría tener relaciones sexuales conmigo no es un piropo.
Básicamente, si te hace sentir un objeto sexual, si te hace sentir incómoda, si te hace sentir mal contigo misma, no es un piropo.

Sólo para que quede claro. Un piropo se dice desde el respeto. Párate frente a mí. Mírame a los ojos. Y piropéame alto y claro. Que pueda oírte. Entonces, si me da la gana, te daré las gracias.